La pausa - Camino y más caminos

domingo, 16 de julio de 2017

La pausa

Reflexiones en un domingo inusual:

La RAE define a la pausa como una breve interrupción del movimiento, acción o ejercicio. En este sentido, así ha sido... una interrupción en el ejercicio.

Ahora, teniendo en cuenta lo anterior quisiera aventurarme a definir la pausa bajo un contexto diferente: el amor.

Para ello el contexto que definiré es el siguiente: cuando dos personas sienten cosas el uno por el otro (esas famosas mariposas o avispas, depende de cómo lo vean), las miradas cambian, parece que el sol es más cálido aun, las sonrisas sin sentido abundan, los deseos de sentir el aroma del otro se vuelve lo único puro entre tanto smog urbano, aquellas caricias que dicen más que cualquier otra palabra existente en nuestro vocabulario, la complicidad no criminal que nadie más entendería, lo explícito de los miedos individuales y los acuerdos planificados para afrontarlos, disfrutar del tiempo que estás con esa persona (aunque sea 5 minutos), regalar lo más mínimo con todo el cariño posible. Sí, esas cosas construyen más de lo que se cree. Ese, es el contexto.

La pausa, según lo anterior, no es más que otra forma de avanzar. Sé que suena extraño, pero piénsalo un poco: el crecimiento de dos individuos que se quieren (aman, encantan) mutuamente tarde o temprano deberán pasar por algo así. Sea en el principio, intermedio o final del acto teatral, es inevitable que suceda. Ahora, para avanzar hay que tomar ciertas decisiones, ¿acaso no es así? Dichas decisiones implican siempre (jamás será de otra manera) un efecto positivo y negativo (esa maldita dualidad que todas las cosas tienen). Lo positivo, crecer como persona para aumentar considerablemente el extrañar a alguien cuando requieres tu espacio; o sea, sabrás realmente si eso que definí en el contexto es correcto o no. Lo negativo, pasar por esta situación para aceptar qué son esas cosas que hay que cambiar, dejar de lado o volverlas a aceptar; en consecuencia, es más que probable que uno de ambas personas que se quieren se enfríe... o quizás ambos. Pero créeme que es más que necesario que ocurra, así es como crecemos, así es como nuestra humanidad, personalidad, carácter y forma de ver las cosas se va formando, moldeando... puliendo.

No importa cuán larga la pausa sea:
- lo importante es no olvidar lo que se sintió.
- si se olvida lo sentido, deja que la otra persona te lo recuerde.
- respira profundo y retoma aquello que no se ha terminado.
- nunca dejes lo importante para el último, cerrar ciclos es avanzar (por más que duela hacerlo)
- tómate el tiempo necesario, no permitas que nadie (ni siquiera la persona que más te quiera/ama) te lo impida.
- recuerda: cerrar aquello que te hizo daño es lo mejor, porque si aparece de nuevo ese daño en tu vida, es igual que permitir que vuelva un lobo vestido de oveja a tu rebaño a propósito.
- no permitas que vuelva el daño a atacar tu vida, jamás.

Lo anterior, no es una fórmula ni consejos para ser feliz y crecer, porque a cada uno le toca diferentes pausas. Así que quédate con lo medular de esto. Ya que así como una persona está predispuesta a estar triste, también puede estarlo para ser feliz... siendo esto segundo, lo más difícil, con un camino más largo y complejo.

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